¿Cómo afectan las drogas a nuestra vida sexual?

Desde el tabaco hasta el éxtasis, pasando por la anfetaminas o el alcohol

Prácticamente la mayor parte de las drogas actúan como depresoras del sistema nervioso central, lo que quiere decir que nos liberan de nuestras barreras habituales, desatan la verborrea y nos despojan de inhibiciones sexuales varias. Una sensación que puede ser placentera pero que, sin embargo, dura poco. Las drogas mal administradas o en dosis más grandes lo que hacen es actuar de la manera contraria: nos bloquean. Y el sexo no iba a ser una excepción. A continuación te ofrecemos una relación de los distintos efectos que acarrea el consumo de drogas respecto al desarrollo de la vida sexual. Desde las drogas legales como el tabaco y el alcohol hasta las llamadas ilegales como la cocaína o el éxtasis.

1. Tabaco: las relaciones entre el tabaco y la vida sexual son indirectas. No se ha demostrado que el consumo habitual de cigarrillos incida directamente en la líbido, pero sí se han observado conexiones con la arterioesclerósis, causa de muchas de las disfunciones eréctiles entre los hombres. Por otro lado, el tabaco produce halitosis (mal aliento crónico), por lo que muchas parejas manifiestan su disgusto y ven su líbido caer en picado.

2. Alcohol: nos encontramos ante el inhibidor sexual y social por excelencia. Muchos utilizan el alcohol para atreverse a ir más allá en sus técnicas de asedio sexual, o simplemente como estimulante afrodisíaco. Este efecto puede funcionar si las cantidades que consuminos son mínimas (no más de una copita o vaso). Pero si vamos más allá, el alcohol es uno de los peores enemigos del sexo. En lo que se refiere a los hombres, no hace falta mucho para que se produzcan problemas de erección. Por otro lado, es común que se produzcan complicaciones al masturbarse e incluso que el placer y la intensidad del orgasmo bajen considerablemente. En el caso de las mujeres, las perspectivas no son mucho mejores. El alcohol dificulta alcanzar el orgasmo. Los bebedores habituales deben tener cuidado ya que un consumo continuado puede producir problemas permanentes (endocrinos, vasculares o neurológicos) que inciden gravemente en la capacidad de respuesta sexual.

3. Marihuana: de manera similar al alcohol, la marihuana actua como deshinibidor sexual. Sin embargo, si el primero provoca un estado de excitación social, la segunda desencadena una placentera sensación de relax. El estrés y la ansiedad se evaporan, lo que a muchos les ayuda a enfrentarse a un desafío sexual o a olvidarse de la rutina. No obstante, un consumo continuado puede causar un desinterés manifiesto respecto al sexo. Como el alcohol, la marihuana bloquea la producción de hormonas masculinas y reduce la calidad del esperma. La alteración del sistema hormonal también se da en las mujeres, que experimentan una mayor sequedad vaginal en sus relaciones.

4. Cocaína: dado que esta sustancia estimula el sistema nervioso central, sus efectos sobre las relaciones sexuales pueden centrarse en un sentimiento de euforia que intensifique la percepción sobre nuestro cuerpo y sobre la experiencia sexual en sí misma. Los mensajes nerviosos se transmiten de manera más rápida y efectiva, pero un consumo continuado finaliza en el daño permanente del sistema nervioso, lo que disminuiría la respuesta sexual. Por otro lado, a la euforia del momento le sigue un estadio de semi-depresión en el que las relaciones se tornan más bien complicadas o imposibles. Esta droga tiene importantes componentes anestésicos, por lo que aplicada directamente sobre el glande o el clítoris, y contradeciendo la leyenda popular, no aumenta el placer sino que lo prolonga o lo disminuye. Por otro lado, pueden producirse casos de hiperexcitabilidad o pensamientos paranoides.

5. Heroína: la heroína es una droga altamente adictiva y aquellos que pasan a estar enganchados pronto pierden el interés por el sexo. Las “satisfacciones” que produce la toma de la droga suplantan el deseo sexual natural. Según un estudio reciente, la heroína produce un sentimiento de intensidad emocional por encima de aquellos que no consumen. Sin embargo, cuando estamos en periodos de abstinencia, la respuesta emocional se encuentra bajo mínimos, lo que apunta a una de las posibles causas de su fuerte poder de adicción. Ésta llega a ser tan fuerte que bloquea cualquier otro “amante”, incluso después de la rehabilitación.

6. Éxtasis: se trata de una droga sintética de fácil preparacion casera que provoca reacciones alucinógenas y altamente emotivas. Normalmente se utiliza en el ámbito de la noche, pudiendo borrar de un plumazo el cansancio físico (sus efectos son parejos a los de las anfetaminas) y alargando las sesiones de baile entre tres y seis horas fácilmente.En lo que se refiere al sexo, el llamado MDMA no hace sino destruir las neuronas que se encargan de producir serotonina y que son las responsables directas de la violencia, el sueño, la sensibilidad al dolor… y la actividad sexual. Un consumo continuado de esta variante de la metanfetamina acarrea serios riesgos, sobre todo psíquicos. En un primer momento el éxtasis mejora la confianza y la excitación, para luego pasar a un estadio de hiperactividad. Sin embargo, la estimulación da paso a la confusión, las pesadillas, la pérdida de memoria, la depresión, la ansiedad… y la falta de deseo sexual. La adicción crónica acaba destruyendo todo resquicio de vida sexual.

7. Crystal Meth: para aquellos que disfrutan con las sensaciones extremas, el Crystal las proporciona, aunque de manera artificial. Esta sustancia, que es una forma de anfetamina, puede proporcionar sesiones de sexo maratonianas y una sublimación de la conexión sexual. La sensación de libertad que una dosis provoca, ha hecho que su aumento se haya disparado, sobre todo entre los jóvenes norteamericanos. Sin embargo, estamos ante una de las drogas más adictivas que nunca se hayan conocido. Por un lado, la adicción al Crystal es casi inmediata desde la primera toma y, por otro, las sesiones titánicas de sexo sin control no benefician al cuerpo, al contrario. Es necesario dejar descansar los genitales y no forzarlos durante jornadas de 15 horas, o incluso más. En un pene que practica sexo durante horas y horas sin parar se producirán pequeños desgarros internos que después cicatrizarán, impidiendo la erección. Si se va demasiado lejos, incluso será necesaria una cirugía reconstructiva del mismo.

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