Lo importante no es llegar, sino mantenerse

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El 2009 marcó un nuevo hito en los medicamentos para la salud sexual. Dos fármacos para tratar la eyaculación precoz fueron puestos a la venta, lanzando el reflector a este “problema”, que no necesariamente es tal. Todo depende del cristal con que se mire.

La campaña de mercadotecnia de los nuevos fármacos se apoya en datos estadísticos y estudios de prevalencia de la EP realizados por las mismas farmacéuticas. Hasta principios de la década de 1990 el enfoque para tratarla era psicoterapéutico. En 1887, Samuel Gross describe lo que podría ser el primer caso registrado en la literatura médica sobre la EP. Más de un siglo después, la definición y los parámetros para diagnosticarla no han alcanzado unanimidad.

Dos son los enfoques principales que se le ha dado a la EP, fisiológico y psicológico. El primero atribuía su causa a razones físicas, desde hipersensibilidad en el pene, hasta deficiencias en el mecanismo del reflejo de la eyaculación. El segundo lo ha atribuido a factores psicológicos, desde neurosis vinculadas a conflictos inconscientes con la figura femenina, bajo la influencia del psicoanálisis, hasta ansiedad causada por conductas aprendidas y concepciones equivocadas sobre la sexualidad.

Antes de la causa ¿de qué estamos hablando?
La sexualidad y el placer son construcciones culturales, por lo que definir qué es la EP, no ha sido fácil. Las definiciones de William Master y Virginia Johnson, así como las de Susan Kaplan, se popularizaron en la década de 1960. Así, Master y Jonson la definieron como la incapacidad de controlar la eyaculación el tiempo suficiente para que la pareja alcance el orgasmo el 50% de las veces. Kaplan, por su parte, dice que es la incapacidad para ejercer una continencia voluntaria del reflejo de la eyaculación.
También existe la definición del DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) de la Asociación Psiquiátrica Americana, según la cual “es una persistente o recurrente eyaculación con una estimulación sexual mínima, antes, durante o inmediatamente después de la penetración y antes de que la persona lo desee”

No es músculo, es la neurona
A principios de 1990, surgió una nueva teoría sobre el origen de esta disfunción, era un problema neuronal y genético, no mental, ni de mal aprendizaje. El autor de esta teoría es Marcel Waldinger, neuropsiquiatra, jefe del Departamento de Neurosexología del Hospital Neyenburg, en la Haya, Holanda.

Según los estudios de Waldinger, la causa era una deficiencia en los receptores de serotonina en las neuronas que activaban el mecanismo de la eyaculación de forma inevitable e involuntariamente, y ningún entrenamiento o reeducación sobre la sexualidad podían evitarlo. La solución fue administrar un fármaco para evitar la recaptación de la serotonina y así evitar que el reflejo eyaculatorio tuviera lugar.

Waldinger atribuyó esta deficiencia a una causa genética, se nace eyaculador precoz. Sin embargo hay estudios que muestran variaciones y “mejoría” en la duración de la erección previa a la eyaculación. Es más común en los jóvenes y disminuye al entrar la etapa adulta. Es menos frecuente después de un tiempo con la misma pareja sexual. Otros estudios reportan en el segundo coito durante un mismo encuentro sexual aumenta el tiempo de duración antes de la eyaculación.

Waldinger criticó las afirmaciones de la psicoterapia, para él recaían en reportes de casos o en las opiniones de renombrados psicoterapeutas y sexólogos, un caso típico de apelación a la autoridad médica y no en un buen diseño de estudios controlados. Por ejemplo, la definición del DSM-IV adolece de términos subjetivos e imprecisos como “recurrente”, “mínima”, “inmediatamente después”.

Este investigador propuso un parámetro para medir la eyaculación precoz, el Tiempo de Latencia Eyaculatoria Intravaginal, se entrenó a parejas para cronometrar el tiempo de eyaculación una vez iniciado el coito. Su intención era dotar de objetividad la medición del padecimiento y de la mejoría, pues las psicoterapias no ofrecen datos cuantitativos al respecto.

En países del medio oriente donde la eyaculación rápida es vista como muestra de virilidad, el tiempo de duración reportado es mayor que el de países de América latina, lo que hace pensar que el aspecto cultural y el aprendizaje de la sexualidad son relevantes.

Hablar de EP como una disfunción sexual, es hablar de considerar la sexualidad como algo disfrutable y placentero, palabras que aluden a la subjetividad y cultura de las personas, por eso el enfoque psicoterapéutico es importante. La psicoterapia no ha sido descalificada totalmente, es sólo que deben realizarse estudios que cubran parámetros mínimos para ser considerados evidencia científica, por ejemplo: ser doblemente ciegos, participantes elegidos aleatoriamente, cuantificar el tiempo, tener una línea base.

Los nuevos fármacos para la EP indiscutiblemente son un avance en la solución de esta disfunción, pero no lo son todo, la educación en sexualidad, y sobre todo una construcción de la sexualidad masculina no falocéntrica, o que deposite el centro del placer en el pene o el coito es necesaria.

Por Letra S • 12 Feb 2010 • Cuerpo sano •

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